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Líneas
generales para la terapéutica y la profilaxis de los procesos respiratorios
bovinos.
En el último
fascículo de esta obra dedicaremos nuestra atención a cómo
enfrentarse a muchas de las distintas patologías que, como hemos
podido ver a lo largo de la colección, pueden afectar al ganado
vacuno. Aunque se hablará de ello tanto en animales adultos como
en terneros queremos, desde el principio, recalcar la enorme importancia
de las patologías respiratorias en este último grupo de
edad -especialmente cuando la explotación es de tipo industrial-,
tanto por las dimensiones que alcanzan los brotes como, y esto no es sino
la consecuencia, por las enormes pérdidas económicas a que
dan lugar.
Aunque no descuidaremos el tratamiento médico de los procesos respiratorios
-al fin y al cabo el destinatario de esta colección es el veterinario
clínico-, la mayor parte de lo que aquí se comente irá
encaminado a la prevención -rutinas correctas de manejo y programas
de vacunación-, aspecto éste cada vez más reclamado
por el ganadero y única forma real de luchar eficazmente contra
este grupo de procesos.
1.
INTRODUCCIÓN.
La generalización de los sistemas intensivos de producción
ha traído consigo un aumento evidente en las tasas de incidencia
de muchos procesos patológicos, entre ellos los respiratorios.
En el caso de los terneros, los órganos y sistemas más afectados
son, sin duda, el aparato respiratorio y el digestivo; algo que no es
más que la consecuencia directa de las condiciones en las que se
lleva a cabo el cebo. En cualquier caso, esto no quiere decir que sólo
se puedan ver estos dos tipos de patologías, digestivas y respiratorias,
en el cebadero; ni que, obviamente, en los lotes de cebo sólo se
vean este tipo de enfermedades. En efecto, el clínico diagnostica
diariamente en este tipo de explotaciones otras muchas condiciones patológicas,
procesos que intentamos resumir en la Tabla I.
El origen de los procesos de tipo respiratorio en los bóvidos es,
como se ha visto en fascículos anteriores, extremadamente complejo,
por lo que en muchos casos no se ha llegado todavía a determinar
cuál es la importancia relativa del papel que los distintos agentes
infecciosos desarrollan en el complejo etiológico de ese grupo
de procesos a los que damos denominaciones genéricas del tipo de
Enfermedad Respiratoria Bovina (BRD) o Síndrome Respiratorio Bovino
(SRB).
| Tabla I.
Principales patologías diagnosticadas en el cebadero. |
 |
Clínicamente,
el aspecto de un cuadro de SRB puede variar desde el de una neumonía
subclínica al de una enfermedad aguda y de desenlace fatal. El
que nos encontremos con uno u otro tipo de sintomatología parece
estar en función del resultado de la interacción que se
establezca entre uno o más microorganismos y las distintas causas
que pueden actuar como predisponentes, tales como:
- El estrés
que se genera en los animales al ser transportados largas distancias
o a través de los mercados produciendo la denominada fiebre del
transporte.
- Las
condiciones ambientales de los alojamientos en los que habitualmente
viven los animales.
- El programa
de control de alimentación que se sigue con ellos.
Tras el
inicio del proceso, su incidencia dentro de un colectivo, esto es, su
tasa de morbilidad, es normalmente alta. Lo que, según los casos,
puede variar mucho es la tasa de mortalidad. Por lo general, el número
de animales muertos no es muy alto pero hay ocasiones en las que la cifra
de bajas puede llegar a ser importante. Frecuentemente, estos aumentos
de la tasa de mortalidad van asociados al grado de invasión bacteriana
secundaria que se produzca en el transcurso del proceso.
El SRB en terneros no es, ni mucho menos, un proceso que aparezca de vez
en cuando. Los estudios realizados sobre la incidencia de la enfermedad
en terneros lactantes, terneros de destete precoz y terneros de cebo demuestran
que, dentro de los tratamientos antiinfecciosos que se aplican a estos
animales, los destinados a la resolución de cuadros respiratorios
son los más corrientes, superando en todos los casos el 50 % del
total de tratamientos utilizados.
2.
ENFERMEDAD RESPIRATORIA BOVINA: EL PUNTO DE VISTA DEL CLÍNICO.
Uno de los problemas al que se enfrenta cualquier clínico
de vacas, con una frecuencia bastante más alta de la que él
desearía, es la existencia de un grupo de animales con una enfermedad
respiratoria aguda de etiología incierta. Los datos que recogemos
mediante anamnesis y exploración clínica suelen ser casi
siempre los mismos:
- Algunas
muertes inesperadas.
- Disnea.
- Tos.
- Secreción
nasal.
- Anorexia.
- Fiebre
variable (entre 40 y 41,5 °C).
- Signos
de neumonía a la auscultación pulmonar.
- Respuesta
variable, normalmente desfavorable -por eso nos han llamado-, al tratamiento
que ya ha intentado el ganadero.
La situación
clínica que acabamos de describir no es exclusiva de ningún
grupo de edad concreto. Así, el grupo afectado puede estar compuesto
por terneros lactantes -recién destetados o recientemente incorporados
a un lote de cebo-, por animales jóvenes en pastos, o incluso por
vacas lecheras adultas.
Casi siempre, la principal dificultad con que nos encontramos es la de
intentar, sobre la base de los datos clínicos y epidemiológicos
que hemos recogido, hacer un diagnóstico etiológico.
Aunque lo ideal es llegar a dicho diagnóstico etiológico
y, en función de éste, instaurar un tratamiento específico
y adoptar unas medidas de control adecuadas, hay que ser realistas y asumir
un par de cosas:
- En primer
lugar, que la diferenciación, sobre la base de clínica
y/o epidemiología, entre las distintas patologías posibles
puede llegar a ser tan difícil como imprecisa. Esto nos obliga,
al menos hasta que el laboratorio determine la causa específica,
a tomar medidas provisionales que sean válidas para la mayoría
de los patógenos comunes.
- Por
otro lado que, en muchos casos, a pesar de haber remitido las muestras
al laboratorio, la etiología específica del brote seguirá
sin ser determinada, bien porque ésta no sea única, bien
porque el laboratorio que tenemos disponible carezca de los medios necesarios
para una correcta investigación serológica y microbiológica
del material que les hemos enviado.
Todo ello
hace necesario que nos vayamos mentalizando y que aceptemos la posibilidad
de tener que plantear la lucha contra un proceso respiratorio agudo e
indiferenciado. Esto justifica perfectamente tanto la utilización
del término genérico enfermedad respiratoria de los bóvidos
o síndrome respiratorio bovino (SRB) para este tipo de situaciones,
como la existencia de un programa general de control que habrá
que recomendar en estos numerosos casos en los que carezcamos de la confirmación
etiológica que, con toda nuestra buena intención, hemos
solicitado al laboratorio.
2.1.
FACTORES DE RIESGO A CONSIDERAR EN LA VISITA A LA EXPLOTACIÓN.
Además de prestar atención
al cuadro clínico que tiene delante, el clínico siempre
deberá tener en cuenta toda una serie de factores que se conocen
como de riesgo o predisponentes al padecimiento del SRB. Si sabemos cuáles
son estos factores podremos, en algunos casos -como, por ejemplo, la deficiente
adquisición de inmunidad pasiva-, evitar su incidencia. En otras
ocasiones -la mayoría, por desgracia-, por tratarse de aspectos
inherentes a la explotación de tipo intensivo, no tendremos más
remedio que conformarnos con minimizar dentro de lo posible sus efectos
adversos.
Toda esta serie de factores en cuyo control se basa buena parte del éxito
de los planes de lucha podrían quedar englobados en tres grupos
generales:
- Estado
inmunológico de los animales.
- Agentes
estresantes y manejo en general. En la Tabla II se muestra un resumen
de los principales agentes que pueden actuar como estresantes sobre
los animales de una explotación y que, por tanto, tendrán
que ser investigados cuando se realice la anamnesis.
- Finalmente,
otro gran factor a tener en cuenta es todo lo referente a los distintos
agentes infecciosos.
| Tabla II.
Agentes estresantes a considerar en un brote de SRB. |
 |
3.
TRATAMIENTO DE LA ENFERMEDAD RESPIRATORIA BOVINA.
Ante un brote de un proceso respiratorio agudo e indiferenciado,
por no disponer de un diagnóstico etiológico, la actitud
del clínico tendrá que apoyarse en una serie de principios
básicos. Tales pautas podríamos resumirlas en el siguiente
esquema de tres puntos:
- 1. Identificación
y registro de todos los nuevos casos.
Es muy importante tratar de identificar cuanto antes los nuevos casos
clínicos que vayan apareciendo. Esto quiere decir que tendremos
que realizar una minuciosa exploración clínica, a nivel
individual y de grupo, con el fin de identificar a cualquier animal
afectado tan pronto como se detecte cualquier anormalidad clínica
como depresión, secreción nasal o disnea.
- 2. Tratamiento
inmediato de los nuevos casos.
Hay que tratar los nuevos casos según se vayan detectando. Cada
animal sometido a tratamiento debe ser fácilmente identificable.
De cada uno de ellos guardaremos un breve informe en el que figure su
temperatura corporal inicial y el tratamiento que se le ha administrado.
En todo caso en el que nos encontremos con fiebre y/o signos de toxemia,
tendremos que pensar que lo que tenemos delante es una neumonía
bacteriana, ya sea ésta primaria o, si sospechábamos de
una neumonía vírica, secundaria a esta última.
En tales situaciones, lógicamente, será de vital importancia
la terapéutica antimicrobiana.
En cualquier caso, para tratar con éxito un brote de SRB hay
que intentar asegurarse el cumplimiento de estos tres principios:
- Una
vez detectados los primeros síntomas, se prescribirá,
del modo más precoz posible, la medicación de los animales.
- Aplicar,
en la medida de lo posible, los fármacos más adecuados
para la ocasión, no los que estén más a mano.
o Finalmente, y puestos a pedir, tratar de investigar los agentes causales.
Aún en el caso de que los resultados del laboratorio lleguen
"a toro pasado" -tras el desarrollo del brote-, nos seguirán
siendo de gran utilidad.
- 3. Duración
correcta de los tratamientos.
Asegurar una adecuada duración del tratamiento: cualquiera de
los antimicrobianos comunes que hayamos decidido utilizar deberá
administrarse, por vía parenteral y diariamente, durante al menos
3 días.
El tratamiento del SRB ha de contemplar siempre una doble vertiente:
- Eliminar,
por un lado, los agentes infecciosos causantes de la enfermedad (tratamiento
etiológico).
- Y, mientras
tanto, actuar de forma inmediata frente a las alteraciones provocadas
por éstos en los animales (tratamiento sintomático).
3.1.
TRATAMIENTO SINTOMÁTICO.
Es, por definición, un tratamiento inespecífico. Su
finalidad es la de hacer desaparecer el cuadro clínico, incrementar
la resistencia del animal y sus defensas orgánicas dando tiempo,
de este modo, a que actúe el tratamiento etiológico.
Su instauración no puede ser igual en todos los casos; en cada
situación habrá de adaptarse a las alteraciones concretas
que revele la exploración clínica.
Dentro de los fármacos pertenecientes a este grupo citaremos:
- Estimulantes
cardiorrespiratorios.
Actúan reforzando las funciones cardíaca y pulmonar. En
cuanto a esta última, estimulan los movimientos de la caja torácica
facilitando la respiración en aquellos animales que padecen procesos
obstructivos de sus vías respiratorias o sufren cualquier otro
tipo de alteración que dificulte su función pulmonar.
- Expectorantes
y mucolíticos.
Los mucolíticos, como su nombre indica, fluidifican los exudados
de tipo mucoso acumulados en el árbol bronquial. Mediante esta
acción, ayudando al desprendimiento de las secreciones espesas
y viscosas que se adhieren a las paredes de las vías respiratorias,
pueden paliar las dificultades respiratorias y los accesos de tos que
caracterizan a muchos de estos enfermos.
Los expectorantes, por su lado, aumentan las secreciones pulmonares,
consiguiendo con ello que sean más fluidas y que sea más
fácil su eliminación del tracto respiratorio.
- Antihistamínicos
y antiinflamatorios.
Los antiinflamatorios utilizados en las primeras fases pertenecen, generalmente,
al grupo de los no esteroideos (AINEs). La inflamación pulmonar
reduce la eficacia de la ventilación y provoca dificultades respiratorias
que pueden llegar a ser muy graves. Estos fármacos contrarrestan
la inflamación, reduciendo la congestión, la formación
de edemas, y, en algunos casos, relajando la musculatura bronquial,
facilitando de este modo la respiración. En cualquier caso, ninguno
de ellos se halla exento de efectos, al menos en teoría, perjudiciales,
tanto los no esteroideos -inhibición de la síntesis de
prostaglandinas- como los esteroideos (AIEs) -efecto inmunodepresor-.
Los antihistamínicos, aunque su aplicación esté
perfectamente justificada desde el punto de vista fisiopatológico,
tienen un interés muy limitado en la práctica.
- Analgésicos
y antipiréticos.
Se emplean para reducir el dolor torácico y disminuir la temperatura
corporal. Ambos grupos de sustancias mejorarán el estado del
enfermo -especialmente en lo que se refiere a disnea y anorexia- y,
por tanto, su capacidad de resistencia.
- Otros
tratamientos que pueden emprenderse son:
- Administración
de diuréticos en caso de edema importante. Siempre se hará
bajo control clínico para evitar posibles desequilibrios electrolíticos.
- Aplicación
de complejos a base de vitaminas y oligoelementos, para restablecer
la condición general del animal y regenerar los epitelios dañados.
- En los
pacientes deshidratados se restablecerá el equilibrio hídrico
mediante la correspondiente fluidoterapia. En animales jóvenes
es de especial importancia, habida cuenta de la facilidad con que se
deshidratan, en el curso de los estados febriles.
3.2.
TRATAMIENTO ETIOLÓGICO.
El objetivo de todo tratamiento debe
ser eliminar los agentes causales de la enfermedad. Dado que los virus,
elementos esenciales de la etiología del SRB y causa principal
de la alteración de las defensas pulmonares, no son susceptibles
de tratamiento, éste irá siempre dirigido a impedir la iniciación
y/o extensión de las infecciones bacterianas.
Las bacterias son responsables del agravamiento de la enfermedad. Pasteurella
spp y otros gérmenes oportunistas provocan la mayoría de
las lesiones pulmonares (inflamación, necrosis, focos purulentos,
etc.) comprometiendo el pronóstico de la enfermedad, complicando
la sintomatología y determinando, muchas veces, la evolución
a cuadros crónicos de difícil curación.
El tratamiento etiológico se basará en la administración
de antibióticos o quimioterápicos. Según el tamaño
de la granja y la gravedad del proceso, seleccionaremos la vía
de administración: oral o parenteral, siendo esta última
la de elección para los animales con sintomatología evidente.
Para la elección del antibiótico idóneo hay que considerar
siempre las siguientes características:
- Su actividad
frente a los diversos agentes infecciosos que, generalmente, están
implicados en el SRB. La Tabla III resume la sensibilidad habitual de
algunos agentes in vitro a la acción de los distintos antibióticos.
- Su capacidad
de alcanzar concentraciones eficaces a nivel de los tejidos pulmonares.
En cuanto a esto hay que saber que los antibióticos hidrosolubles
difunden peor que los liposolubles. Por otro lado, los liposolubles
presentan una mayor acción intracelular (ej: la colistina, un
producto que nunca presenta fenómenos de resistencia, es muy
poco efectiva ya que sólo actúa a nivel extracelular).
- Que
permanezcan el tiempo suficiente en el lugar de la infección.
- Siempre
serán preferibles aquellos que no se inactiven por la presencia
de pus o restos celulares, así como aquellos que difundan fácilmente
en el moco pulmonar.
- Que
no sean tóxicos para el animal y que no afecten a su sistema
inmunitario.
- Que
su posología sea la adecuada a nuestras necesidades: han de poder
administrarse con el equipamiento, personal, etc. que tengamos disponible.
Esta disponibilidad definirá si, por ejemplo, se utilizan productos
de acción prolongada o, por el contrario, compuestos de administración
diaria.
- Que
no exista un historial de resistencias al producto en la explotación.
Una vez
seleccionado, el antibiótico debe administrarse lo más pronto
posible tras la advertencia de los primeros síntomas; de este modo,
cuanto antes detengamos la proliferación bacteriana en los tejidos,
menos complicaciones y lesiones encontraremos después. Esta necesidad
de iniciar con celeridad la antibioterapia excluye, en la mayoría
de los casos, la posibilidad de efectuar antibiogramas y determinar sensibilidades
antes de iniciar el tratamiento.
| Tabla III.
Sensibilidad in vitro a antibióticos de las principales bacterias
con tropismo pulmonar . |
 |
Los tratamientos
realizados, tanto de forma masiva como de forma individual, una vez iniciados
deben mantenerse durante el tiempo suficiente para que cumplan su objetivo.
Si su administración se suspende demasiado pronto, es posible que
observemos una mejoría clínica, pero acabaremos teniendo
recaídas y pasos al estado crónico de la enfermedad. En
este sentido, los tratamientos parenterales deben mantenerse por regla
general durante un mínimo de 3 o 4 días. Así mismo,
deben administrarse siempre con arreglo a las pautas marcadas por cada
fabricante; si se aplican con intervalos menos frecuentes no se obtendrán
concentraciones eficaces durante todo el tiempo del tratamiento, y se
favorecerá la aparición de resistencias.
La medicación vía oral, en el pienso o en el agua, puede
resultar útil en cuanto a prevención o cobertura, pero no
es recomendable en un brote declarado, ya que los animales enfermos no
consumirán las cantidades de pienso o de agua suficientes como
para asegurar que reciben la dosis adecuada del fármaco.
Entre los antibacterianos más empleados en estos procesos destacan:
- penicilina-estreptomicina
- tetraciclinas
- amoxicilina
(sola o con ácido clavulánico)
- lincomicina-espectinomicina
- sulfamidas
- trimetoprim
- eritromicina
- tilosina
- gentamicina
- cefalosporinas
- fenicoles
El ganadero
ha de ser consciente de que su mejor garantía es que seamos nosotros,
y no él, los que instauremos el tratamiento y los que seleccionemos
el producto más adecuado para llevarlo a cabo. Durante el tiempo
que dure dicho tratamiento, los animales afectados deberán mantenerse
en un ambiente limpio y seco, lo que facilitará su recuperación.
| Tabla IV.
Clasificación de los cuadros respiratorios según Lekeux. |
 |
3.3.
CRITERIOS PARA LA APLICACIÓN DEL TRATAMIENTO.
El hecho de no disponer
en la actualidad de demasiados productos efectivos para este tipo de procesos
-excepción hecha, claro está, de los antibióticos-
nos obliga al establecimiento de estrategias terapéuticas que nos
ayuden a seleccionar en cada caso las acciones más adecuadas a
emprender en la lucha contra un brote.
Uno de los sistemas que más se aconsejan a la hora de establecer
la estrategia de tratamiento es basarse en la clasificación que
hace Lekeux de la gravedad del cuadro clínico que presentan los
animales. Este autor clasifica las posibilidades sintomatológicas
de los procesos respiratorios del ganado vacuno en las cuatro fases que
se muestran en la Tabla IV.
4.
CONTROL DE LOS PROCESOS RESPIRATORIOS BOVINOS.
Los programas de control para los procesos respiratorios
-de terneros o de cualquier otro grupo de edad- se basarán en:
- Reducir
al mínimo posible los efectos adversos de las causas que ya hemos
descrito como predisponentes.
- Y, en
la mayoría de los casos, la administración de vacunas
que contengan uno o más antígenos correspondientes a los
distintos agentes productores del SRB.
En cuanto
a las vacunas, en el mercado existen productos para el control de la enfermedad
respiratoria aguda causada por virus IBR, virus PI3 y especies de Pasteurella.
A pesar de que existen determinaciones experimentales sobre su eficacia
agente a agente, sería conveniente la realización de más
estudios que valoren su acción protectora contra la enfermedad
respiratoria aguda indiferenciada, tal y como ésta se produce en
el mundo real.
Se han realizado investigaciones destinadas a determinar la eficacia que,
en lotes de cebo, tiene la medicación del alimento de los terneros
recién llegados como método para reducir las tasas de morbilidad
y mortalidad por enfermedad respiratoria. Tales estudios han demostrado
que la administración, diaria y durante dos semanas tras la llegada
al cebadero, de clortetraciclina en el alimento a dosis de 1, 2 o 4 g
por individuo, reducía el número de terneros que posteriormente
requerían tratamiento por enfermedad respiratoria.
Del mismo modo, hay múltiples estudios que demuestran cómo
la administración parenteral de agentes antimicrobianos en cada
animal es capaz de reducir significativamente las tasas de morbilidad
y mortalidad por enfermedad respiratoria. Este efecto se consiguió
administrando vía IM 20 mg por kg de peso de oxitetraciclina L.A.
a todos los animales que llegaban al cebadero. El uso de esta pauta asociado
a la administración oral, al tercer día, de 25 g de sulfadimetoxina
de liberación lenta, resultó en una reducción del
90% de los días de tratamiento por ternero.
En la actualidad se está evaluando el uso de agentes inmunomoduladores.
Estas sustancias, gracias a su capacidad para mejorar la efectividad de
la respuesta inmunitaria, podrían ser de una gran ayuda para la
prevención del SRB en los lotes de terneros recién llegados
al cebadero.
4.1.
EL PLAN DE CONTROL: ASPECTOS BÁSICOS.
Al igual que se hizo en el caso del
tratamiento, trataremos a continuación de ofrecer un esquema general
de la filosofía a seguir en el control del SRB. Este esquema se
basa, por un lado, en evitar en lo posible la acción de aquellos
factores que, como se ha visto, contribuyen a la aparición de la
enfermedad, y, por otro lado, en minimizar -con manejo y técnicas
de prevención adecuados- los efectos de aquellos cuya existencia
es inevitable.
El programa se centra en los animales de cebadero porque es en este tipo
de animales donde se acentúan al máximo los riesgos; para
otros grupos de animales bastará con quedarse sólo con aquellas
observaciones que procedan y rechazar aquellas que no vengan muy a cuento.
Mención especial, dentro de cualquier programa para el control
del SRB, merece el tema del manejo. Por supuesto que lo que aquí
se propone es lo que idealmente debería hacerse con un ternero
que va a ser destinado a un cebadero, y que muchas de las recomendaciones
aquí dadas son directamente imposibles de llevar a cabo. Pero todo
aquello que se pueda hacer redundará, sin duda alguna, en la salud
del animal así como en su capacidad de adaptación; o lo
que es lo mismo, reducirá las probabilidades de verse afectado
por un proceso respiratorio.
A la hora de diseñar un plan de control habrá que controlar
los siguientes aspectos:
Vacunación.
No olvidar que el ganado joven en crecimiento es siempre más susceptible
que el adulto porque carece de la capacidad inmunitaria suficiente. La
vacunación de los terneros en los momentos críticos será,
por tanto, una medida fundamental.
Composición
de los grupos.
Los grupos de terneros formados a base de mezclar animales de distintas
procedencias son mucho más propensos a sufrir un brote de SRB que
aquellos grupos formados por animales de una sola fuente.
Predisposición
individual.
Como consecuencia de las diferencias individuales a nivel genético,
inmunológico y nutricional, siempre existirán animales altamente
susceptibles junto a otros relativamente resistentes al SRB. Se necesitará,
por tanto, un buen manejo y una constante vigilancia para poder reconocer,
aislar y tratar los casos clínicos del modo más precoz posible.
Alojamiento.
Las oscilaciones rápidas de la temperatura y de la humedad del
ambiente, no sólo durante la época fría sino también
en las estaciones cálidas, son con frecuencia el preludio de un
brote de SRB. Deberán, pues, aplicarse todas las medidas necesarias
para proporcionar a los animales la mayor comodidad posible y, de un modo
especial, evitar el hacinamiento.
Por otro lado, no olvidar que la ventilación insuficiente es una
causa predisponente de primer orden de los procesos respiratorios en los
animales criados en interiores, tanto por la mayor carga microbiana del
ambiente como por la acción irritante que sobre las vías
respiratorias tienen las altas concentraciones ambientales de polvo y
de gases irritantes -amoníaco sobre todo-.
Destete.
El destete de los terneros de cebo durante épocas de mal tiempo
suele exacerbar el estrés que necesariamente conlleva, y contribuir,
a medio plazo, al origen de un brote de enfermedad respiratoria.
Una práctica común es poner a su disposición heno
y agua al menos dos semanas antes del destete, siempre en el mismo corral
o cercado donde serán destetados posteriormente. Siguiendo este
programa de destete, los terneros requieren sólo un mínimo
de adaptación ya que el único ajuste necesario será
la pérdida de sus madres y/o del aporte de leche.
Los terneros recién destetados deben observarse al menos dos veces
al día en busca de enfermedades respiratorias y deben tratarse
rápidamente si fuera necesario. No deberán transportarse
a largas distancias mientras no se compruebe que están sanos y
que son capaces de comer heno y beber agua en cantidades suficientes.
Venta
y transporte.
El estrés asociado a la venta de los terneros es también
un factor de enorme relevancia. Una fuente importantísima de estrés
es el desplazamiento del ganado por los patios de exposición y
venta, donde suele estar hacinado, privado de agua y alimento suficientes,
manejado con rudeza mientras es escogido, pesado, marcado y analizada
su sangre, vacunado o inyectado con antibióticos o vitaminas, y
transportado en vehículos incómodos a largas distancias
sin momentos de reposo suficientes.
Durante el transporte es necesario proporcionarles camas abundantes de
paja y no deberán carecer de alimento y agua durante más
de 24 a 30 horas. En los viajes largos los terneros deberán descansar
durante 8 a 12 horas y recibir agua y heno a intervalos de 24 horas. Esto
reducirá al mínimo las considerables pérdidas de
peso que se producen por la deshidratación y el ayuno temporal.
En las transferencias de ganado de un propietario a otro, lo ideal sería
evitar los patios públicos de venta y desplazar el ganado directamente
de la explotación al cebadero. Esto evitaría el estrés
del manejo, el hacinamiento, el ayuno temporal, la exposición a
las infecciones de otros animales y los retrasos inherentes a cualquier
compra y venta de ganado. Sin embargo, las grandes empresas de cría
intensiva no pueden comprar el ganado directamente a una sola explotación
ya que necesitan grandes cantidades de animales para fechas determinadas.
Esto hace inevitable el que estas empresas compren grandes grupos de ganado
de diferentes orígenes.
El proceder de estas grandes explotaciones ha requerido que se desarrollen
técnicas de acondicionamiento mediante las cuales cada animal después
de su llegada es identificado uno a uno, inyectado con una mezcla de vitaminas
A, D y E y tratado con un insecticida residual. Quizás se le administre
también un antihelmíntico, se le inyecte un antimicrobiano
de larga acción y se le vacune contra clostridios y enfermedades
respiratorias. El tema de si el ganado debe ser inmediatamente procesado
después de su llegada o después de un periodo de reposo
de 2 a 3 semanas sigue sin resolverse, porque hay datos que apoyan tanto
una teoría como la otra.
Condición
corporal.
El estado nutritivo de los terneros recién llegados es de
suma importancia, ya que hay pocos datos que permitan formular un programa
rentable de alimentación que permita la recuperación rápida
del animal después del estrés del embarque.
El control eficaz de la enfermedad depende, en definitiva, de un buen
manejo y, también, del uso de productos biológicos y antimicrobianos
de forma profiláctica. No sería muy realista depender de
una vacuna, un antibiótico o una sola técnica de manejo
para controlar el SRB. El control ideal comenzaría antes del cebadero,
con la adopción de buenas técnicas de manejo cuando los
terneros se encuentran todavía en la explotación de origen,
seguiría con el uso prudente de vacunas eficaces y, finalmente,
acabaría con el cuidado en el manejo y transporte del ganado hacia
el cebadero.
4.2.
UN NUEVO CONCEPTO: EL PREACONDICIONAMIENTO.
A causa de la frecuente aparición
de la enfermedad en el momento del transporte, se ha hecho mucho hincapié
en intentar reducir la incidencia de la enfermedad en este momento. Esto
llevó a la creación, en EE.UU., del concepto de preacondicionamiento.
El objetivo del preacondicionamiento sería preparar al ternero
destetado para el ambiente del cebadero vacunándolo antes del destete
contra todas las enfermedades habituales; del mismo modo, se intenta que
todas las prácticas estresantes -castración, descornado,
marcado, desparasitación-, que habitualmente se concentran en el
momento del destete, se distribuyan en un periodo más largo de
tiempo. Como norma de carácter general, el destete deberá
realizarse al menos dos semanas antes del embarque.
Estas prácticas de preacondicionamiento darán como resultado
un ternero destetado listo para ser introducido en un cebadero, donde
los comederos y bebederos no le resultarán extraños, pudiendo
el animal adaptarse rápidamente a sus nuevas condiciones.
El preacondicionamiento no ha sido ampliamente aceptado debido a que su
valor económico resulta todavía dudoso. No obstante, se
trata de una serie de procedimientos que lógicamente influyen de
una forma positiva en la salud del ternero y que, por tanto, pueden recomendarse
para dicho fin.
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