Llevaba mucho tiempo soportando estoicamente los zarpazos del grave y polimorfo síndrome que, como para demostrar en la figura del médico la indiferencia con la que la enfermedad elige su víctima, terminó por dejarle irremediablemente inválido, precisamente a él que tantas veces usara su pericia profesional para salvar la vida a graves politraumatizados.
Como si no quisiera molestar, aprovechó el vacacional descanso de sus muchos amigos y eligió la semana de Pascua para irse en busca del definitivo reposo en el que él creía con sencillez franciscana. Y con la misma discreción con la que en vida procediera en tantos y tan importantes aportes a la colectividad humana en la que se incardinara desde joven, Miguel Domínguez, a sus setenta y cuatro años de edad, el día de Jueves Santo nos dejó para siempre.
Conviene recordar que el doctor Miguel Domínguez Rodríguez, asturiano de nación, pero gallego de elección, se entregó con tanto empeño a las tierras y gentes que le acogieron que no ha habido campo en el que no les devolviera el ciento por uno de los talentos que Galicia, y de modo especial su Pontevedra de adopción, le permitieran cultivar.
Con ser muy importante su actividad profesional, nuestro amigo no sólo destacó entre los traumatólogos gallegos por el dominio de la técnica operatoria a la que inclusó aportó algún método tan original como su personal "haz de agujas de Kirchsner" para la osteosíntesis de las fracturas conminutas de los huesos largos. Es que, además, Domínguez ayudó activamente al nacimiento de la Sociedad de Cirugía de Galicia que luego llegaría a presidir, y puso su prestigio profesional a favor de la idea que Troncoso en Vigo, Corbal en Ourense, Trallero en Lugo, Hervada y L. Romero en A Coruña y yo mismo en Santiago concibiéramos para fundar la Sociedad Gallega de Cirugía Ortopédica y
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