Doctor Miguel Domínguez Rodríguez
In memoriam
Por A. Sixto Seco
Senador de la SECOT


Llevaba mucho tiempo soportando estoicamente los zarpazos del grave y polimorfo síndrome que, como para demostrar en la figura del médico la indiferencia con la que la enfermedad elige su víctima, terminó por dejarle irremediablemente inválido, precisamente a él que tantas veces usara su pericia profesional para salvar la vida a graves politraumatizados.

Como si no quisiera molestar, aprovechó el vacacional descanso de sus muchos amigos y eligió la semana de Pascua para irse en busca del definitivo reposo en el que él creía con sencillez franciscana. Y con la misma discreción con la que en vida procediera en tantos y tan importantes aportes a la colectividad humana en la que se incardinara desde joven, Miguel Domínguez, a sus setenta y cuatro años de edad, el día de Jueves Santo nos dejó para siempre.

Conviene recordar que el doctor Miguel Domínguez Rodríguez, asturiano de nación, pero gallego de elección, se entregó con tanto empeño a las tierras y gentes que le acogieron que no ha habido campo en el que no les devolviera el ciento por uno de los talentos que Galicia, y de modo especial su Pontevedra de adopción, le permitieran cultivar.

Con ser muy importante su actividad profesional, nuestro amigo no sólo destacó entre los traumatólogos gallegos por el dominio de la técnica operatoria a la que inclusó aportó algún método tan original como su personal "haz de agujas de Kirchsner" para la osteosíntesis de las fracturas conminutas de los huesos largos. Es que, además, Domínguez ayudó activamente al nacimiento de la Sociedad de Cirugía de Galicia que luego llegaría a presidir, y puso su prestigio profesional a favor de la idea que Troncoso en Vigo, Corbal en Ourense, Trallero en Lugo, Hervada y L. Romero en A Coruña y yo mismo en Santiago concibiéramos para fundar la Sociedad Gallega de Cirugía Ortopédica y

Traumatología (SOGACOT) que ahora camina en el décimoctavo año de vida de la mano del doctor Juan Antonio Carreño.

Y cuando en a España aún balbuceaba la cobertura de la asistencia sanitaria, nuestro colega expuso su personal peculio y su prestigio profesional para fundar en 1948, hace justamente medio siglo, un sanatorio que ayudó a cubrir las urgencias médicas y traumatológicas del sur de Galicia y fue el germen del remozado Hospital Domínguez, un moderno centro sanitario de gestión privada que, sobreviviéndole, ahí queda bajo la dirección de sus hijos y colaboradores, los doctores Miguel y Rafael Domínguez Vaz y Manuel Regueiro Corbillón.

Pontevedra y su entorno conocen el generoso entusiasmo de nuestro colega. Aficionado a los deportes, Domínguez gozó con sus amigos pescando en la ría mientras dirigía el Club Náutico de Sanxenxo o presidía el Club de Tenis de Pontevedra potenciando esos deportes. Y popularizó su imagen con el "¡Hai que roelo!", simpático y desafiante grito deportivo con el que el Pontevedra Club de Fútbol recorrió los campos de España desde que en 1970 ascendiera a la primera división bajo la presidencia del doctor Domínguez.

Cuando el día de las exequias sus amigos abarrotamos las naves de la pontevedresa y entrañable iglesia de San Bartolomé para unirnos a su familia en la oración fúnebre, nos vimos emotivamente sorprendidos por la lectura de la carta con la que, al final del acto, lo despedía su hija María del Carmen agradeciéndole su ejemplo de padre y amigo. Sólo la entereza de ánimo y el dominio escénico propios de la artista que hay en ella explican que no estallara el nudo que atenazaba su garganta. La contenida y silente emoción que se palpaba en el ambiente fue la antesala de la manifestación de cariño con la que los muchos amigos de Miguel abrazábamos luego a su esposa Carmiña y a sus hijos, amistad que ahora les reiteramos desde el Boletin Informativo de la SECOT, en la que siempre lo recordaremos.