| "El accidentado sufrió muy severas injurias a consecuencia del choque", dijo Tecnicissimus. "¿Severas injurias?", preguntó, sorprendida, Oxonia, maestra en lenguas británicas. "¿Quieres decir que el infeliz fue, además, ultrajado o agraviado de obra o de palabra y de manera muy rigurosa, áspera o dura por algún energúmeno insensible?" Entre benévolo y displicente, Tecnicissimus contestó: "¡Lo que quiero decir es que el impacto le produjo daños y detrimentos de peso, grandes, de mucha entidad e importancia!" Tras un instante de reflexión, el rostro de Oxonia se iluminó: "Acabáramos, Tecnicissimus, el atropellado sufrió, por tanto, muy graves lesiones. Desde que te has suscrito a las Foliae Britannicae no hay quien te entienda."
Hace ya algunos años dirigí una tesis doctoral sobre la evolución de la fijación de ciertos implantes en el hueso. Utilizamos entonces la palabra interfase para describir la frontera entre el tejido óseo y los biomateriales empleados (aleaciones metálicas y polímeros) como traducción de la inglesa interface. Caímos pronto en cuenta de nuestro error. Face es faz o cara y fase se diría phase. De hecho, interface es la superficie común a dos áreas o el lugar donde dos personas, objetos, etc., se encuentran y actúan entre sí (Oxford Advanced Leamers's Dictionary, OALD). El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, ed., 1992, p. 832), en el que no figura la palabra interfase, define interfaz (primera acepción): "Del inglés interface, superficie de contacto). Electrón: zona de comunicación o acción de un sistema sobre otro." A su vez, el vocabulario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (VRAC) señala: "Interfaz: frontera o parte común, o bien unión física o lógica entre dos cuerpos, espacios o sistemas." El VRAC acepta la palabra interfase, cuya primera acepción es: "estado de reposo del núcleo celular que se presenta entre dos divisiones sucesivas". En los diversos campos de la ciencia, la palabra interfase es, con seguridad, aplicada para los momentos entre "cada uno de los distintos estados sucesivos de un fenónemo natural o histórico o de una doctrina o negocio" (DRAE, 1992, p. 673). Como ese análisis me condujo a la consideración de mis frecuentes y abusivos extranjerismos, arrepentido, me dispuse a hacer de interfaz mi símbolo expiatorio. Debo haberlo enarbolado con alguna demasía, ya que un colega y amigo me ha apodado "el Guerrero de la Interfaz". Estoy seguro de que en los diversos campos del saber científico y técnico han surgido muchos cruzados de la misma causa. Sirvan estas líneas para reclamarles que, como el héroe de los cómics de nuestra adolescencia ponía coto a los enemigos de la fe, se afanen ellos (con más autoridad y conocimientos que yo) en conducir con rigor y tolerancia la tarea de enriquecerse sin deterioro el léxico siempre en renovación de las ciencias en general.
Es indudable que "Meter palabras nuevas, haya o no otras que las reemplacen, es meter nuevos matices e ideas", según decía Unamuno, el casticista. Pero, ¿por qué claudicar ante los extranjerismos si están tan a mano equivalentes castellanos sencillos y "económicos"? He aquí algunos ejemplos cercanos a mi quehacer. Un valioso colectivo de médicos viene haciendo una silenciosa y no bien reconocida labor en lo que ellos mismos denominan "medicina de emergencia". Emerger es, en su primera acepción, "brotar, salir del agua o de otro líquido". ¿Por qué postergar, en beneficio del inglés emergency (acontecimiento súbito o situación grave que requiere acción inmediata, OALD, p. 393), cuando urgencia, más habitualmente utilizada, es la situación grave que necesita cuidados médicos inmediatos? (DRAE, 1992).
| En congresos y simposios es frecuente presentar trabajos "observacionales" (¿descriptivos?), randomizados (¿aleatorizados?, ¿de selección al azar?), cuyos resultados demuestran un alto score (¡puntuación!) tras el adecuado follow-up (¡seguimiento!). Y, ¿qué decir de los términos introducidos en la interfaz (sí, interfaz) económico-sanitaria tan boyante últimamente? La performance (rendimiento) de una unidad clínica puede basarse en su case-mix (conjunto de casos atendidos según su gravedad). Si no es adecuado deberá procederse a "reingeniería" (reorganización), "balanceando", (equilibrando) sus acciones hasta que el bench-marking (medida de niveles comparativos) indique su progresión. La amenaza es aún más palpable y temible en la América de habla castellana por la próxima y mimetizadora influencia estadounidense. No hace mucho tiempo fui invitado a una reunión de mi especialidad en cierto país caribeño. En sus comunicaciones varios colegas del área se obstinaron en "rimar", la cavidad medular de los huesos para introducir el clavo que ha de curar la fractura. Cuando hube de intervenir para comentar la sesión no pude evitar improvisar unos ripios que, con más fogosidad que inspiración, combinaron rimar y fresar con medular y versificar. La broma no molestó, fue razonablemente celebrada y, según me dicen, es recordada en ocasiones. No me aventuraré más allá de los límites de mi actividad habitual, pero una buena amiga, profesora de informática en la Politécnica de Madrid, confirma mi impresión de que los extranjerismos abusivos son, más que una infiltración solapada, una torrentera anegadora.
La tarea de actualizar debidamente el léxico científico de cualquiera de las lenguas de España no es fácil. Las constantes innovaciones de conocimientos y técnicas y el enorme peso de las investigaciones y publicaciones del área anglófona caen sobre las comunidades correspondientes que ni están formadas para este ejercicio lingüístico ni tienen tiempo para entretenerse en ellas como ha señalado J. Calonge ("La lengua española, hoy", F. J. March, 1995, p. 175-187). Demasiado frecuentemente "se arriman al anglicismo... desconociendo que su idioma dice eso mismo de otro modo" (Lázaro Carreter, "El dardo en la palabra, 1997").
Como se ha visto, la traducción se obtiene directa y fácilmente en muchos casos. En otros se requiere algo más de reflexión. Emilio Lorenzo incluye by-pass (sic) entre los términos ingleses prestados a la terminología médica ("Anglicismos hispánicos, 199", p. 145) con la significación de puente. Esta palabra equivale, según el mencionado OALD, a circunvalación (vía de tránsito rodado que circunda un núcleo urbano). En su segunda acepción, by-pass (sic) es "paraje alternativo para que la sangre circule por él durante una operación". Si circunvalación, que tiene un cierto fundamento metafórico, ha de ceder el paso a términos más sencillos como puente desvío o derivación, usémoslos ya, antes que ¿baipás? Finalmente, algunos conceptos nuevos tienen soluciones más complejas. Tal es el caso de outcome. El Oxford University Dictionary lo define como resultado visible o práctico, algo que sigue como resultado o consecuencia. La medida del outcome se emplea para valorar las actuaciones en ciencias de la salud y ensancha el concepto de resulto resultado. Producto, consecuencias, desenlaces, han sido tímidamente apuntados, pero es previsible que a falta de una alternativa inspirada el anglicismo pase a engrosar la lista de lo que llama "préstamos" E. Lorenzo. Al fin y al cabo una lengua es tan viva y rica como la sociedad de la que emana y a la que sirve.
Esta continua invasión de procedencia angloamericana supone, desde hace tiempo, un acoso lento e impremeditado que socava la mejor parte del patrimonio que compartimos con los pueblos del otro lado del Atlántico. Es un 98 light (perdón, lector, quiero decir ligero, leve), sin Cavites ni Santiagos contra el que quisiera alistar a cuantos "guerreros de la interfaz" en ciencias sociales, técnicas, de la salud y humanidades quieran atajar los esnobismos y perezas mentales del extranjerismo "de teletipo" o de Journal.
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