

La SECOT, anfitriona del séptimo
EFORT Travelling Fellowship
Por Joaquín Sánchez Sotelo
Fotografía del grupo de Fellows con el presidente de la SECOT y otros miembros de la Sociedad. |
Fellows: residentes al fin y al cabo
Por Sergio Urbelz Durán
MIR 3. Vocal miembros asociados SECOT
|
La visita de nuestros compañeros residentes de otras nacionalidades nos ha permitido conocer situaciones y estilos de vida muy similares a los nuestros en ambientes socioculturales diferentes. Se les repartió unos cuestionarios. Recibimos 19 de ellos pertenecientes a colegas de las siguientes nacionalidades: un malayo, dos italianos, dos alemanes, dos austriacos, dos finlandeses, dos croatas, un checo, un danés, un francés, un filipino, dos húngaros, un griego y un chipriota. En ellos recabamos respuestas a 13 preguntas acerca de su vida profesional, su grado de preparación académica, el número de horas trabajadas por semana, el planteamiento nacional de la especialidad, posibilidades de proyección laboral, el nivel de exigencia de su sistema sanitario, la cota de satisfacción laboral, etc. El resultado de nuestras pesquisas nos muestra un perfil unívoco, casi protocolario de la figura del residente. Tanto el residente filipino como el italiano o finlandés están sometidos a las enormes exigencias que un periodo tan largo de formación exige, con una frenética abnegación que relega a un segundo plano otros aspectos de la vida personal. ¿Cuántos eventos sociales, familiares y de ocio personal han sido pospuestos o anulados por aquella guardia pendiente, el estudio de algún tema concreto o la preparación de una próxima cirugía? Estas situaciones a todos nos suenan familiares, ¿verdad? No es nada nuevo descubrir que la vida del residente está jalonada de multitud de sacrificios.
Entre los 19 encuestados sólo los dos alemanes, un austriaco, el filipino, un italiano y un finlandés (este último precisando que sí en la privada y no en la pública) estaban satisfechos con sus salarios. En cualquier caso, los fondos públicos alimentan exiguamente los bolsillos de nuestros amigos. Los países más occidentales ofrecen una alternativa privada sanitaria hipertrofiada de la que se nutren con avidez los residentes de dichos países redondeando al alta sus números bancarios. Esto conlleva un importante incremento de
| sus tareas: son los que más cobran y los que más fácilmente se incorporarán como especialistas en el engranaje social de su entorno, pero también son los que más trabajan. Respecto al tema relativo a las perspectivas laborales ulteriores al período de formación, el desaliento general es la traducción más propia, aunque ésta es una aseveración un tanto simplista. En efecto, los residentes pertenecientes a países económicamente más desfavorecidos y/o políticamente limitados son los más descontentos con su situación. Así, los proveniientes de más allá del extinto telón de acero recalcan con angustia (refirmando con signos de admiración) una penosa remuneración a sus esfuerzos y una descorazonadora proyección laboral. Acerca del acceso a la formación especializada en COT nos sorprendió el observar la escasa dificultad y la poca selección a la que someten al postulante en comparación con nuestro exigente MIR. Únicamente los residentes italianos (que refiere exámenes oral y escrito de acceso, sin precisar el grado de dificultad), griego (que reconoce la existencia de un examen de baja dificultad) y francés (examen selectivo de un 25% aproximadamente) tuvieron que superar la referida prueba. El resto precisó una entrevista laboral y/o una solicitud. La duración de los estudios COT fue de cuatro a ocho años, aunque estos números probablemente estén sujetos a proyectos personalizados. La asistencia a congresos y la participación en los mismos es la norma. El camino que lleva a la forja de un especialista COT es muy largo, laborioso, agotador en muchas ocasiones y denostado y poco reconocido en otras. Es la pasión por la especialidad la que nos insufla el ánimo y el orgullo de pertenecer a una estirpe laboral tan gratificante y por otro lado realizante en el plano personal. Es difícil que alguien se sacrifique tanto por algo que le desagrada. Me despido instándoos, compañeros residentes, a que nos enviéis ruegos, peticiones, quejas, sugerencias u opiniones, porque también nosotros tenemos voz en la SECOT. |
Estancia en el Massachusetts General Hospital
Por P. Subirán Martínez
Hospital Montecelo. Pontevedra
